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SAN CIRILO, Arzobispo de Jerusalén,
Doctor de la Iglesia
Fue una bendición que San
Cirilo –hombre de apacible y conciliadora disposición- haya
vivido en el tiempo de una encarnizada controversia religiosa.
De padres cristianos, recibió una excelente educación, sobre
todo referente a las Sagradas Escrituras; fue ordenado como
sacerdote por el Obispo de Jerusalén, San Maximo, quien
le apreciaba tanto sus dotes, que le confió la difícil tarea
de instruir a los catecúmenos.
San Cirilo fue consagrado
legalmente Obispo por los obispos de su provincia y si Arrio
Acacio, que era uno de ellos, esperaba poderlo manerjarlo
fácilmente, se equivocó por completo, surgiendo varias disputas
principalmente sobre la procedencia y jurisdicción de sus
respectivas sedes y asuntos de fe, pues Acacio para entonces
estaba imbuido en la herejía arriana. Por confabulación
de Acacio y sus partidarios el santo fue desterrado tres
veces, por medio de fraudulentos concilios que Acacio convocaba
con ayuda de algunos monjes e incluso con el apoyo del emperador.
En 381, Cirilo y San Gregorio estuvieron presentes en el
gran Concilio de Constantinopla (segundo Concilio Ecuménico).
De acuerdo a algunos historiadores, San Cirilo fue fiel
defensor de la verdad ortodoxa contra los arrianos, en este
Concilio, en el cual se llegó a promulgar el Símbolo de
Nicea.
Se cree que el santo falleció
a la edad de 70 años, en el 386, habiendo sido Obispo durante
35 años.
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Fuente: ACI
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