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LA NATIVIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESÚS
Cuando se hubieron cumplido
los acontecimientos que debían preceder al advenimiento del
Mesías, de acuerdo con los vaticinios de los antiguis profetas,
Jesús llamdo el Crsito, Hijo de Dios eterno, se encarnó en
el seno de la Virgen María y, hecho hombre, nació de ella
para la redención de la humanidad. Desde la caída de nuestros
primeros padres, la sabia y misericordiosa providencia de
Dios había dispuesto gradulamente todas las cosas para la
realización de sus promesas y el cumplimiento de la más grande
de sus misterios: la encarnación de su divino Hijo.
Por aquel entonces, el Emperador
Augusto emitió un decreto para llevar a cabo un censo en el
cual todas las personas debían registrarse en un lugar determinado
según sus respectivas provincias, ciudades y familias. Hasta
Belén, cerca de la ciudad de Jerusalén, llegaron San José
y la Virgen María procedentes de Nazaret, y estando allí,
le llegó la hora de de dar a luz de la Virgen, trayendo al
mundo a su divino Hijo a quien envolvió en lienzos y lo recostó
en la paja del pesebre.
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Fuente: ACI
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